en las manos de juan de dios

Si te tengo que hablar de mi testimonio vocacional, te tengo que hablar de desconcierto, de riesgo, de mucho amor, de muchas dudas, de familia, de compromiso, de sufrimiento, de encuentro, de diálogo, de fiesta, de oración, de cercanía, de amigos y de HOSPITALIDAD.

Mi “enganche” (hasta donde yo puedo llegar) está relacionado con una actividad de mi grupo joven de referencia en la Parroquia de San Miguel Arcángel de Madrid, que nos planteaba el buscar y leer una Biografía de un santo.

A mis manos (de las manos de Dios) llegó la de San Juan de Dios y, su vida, me entusiasmó. Curiosamente yo no conocía ninguna obra suya, a ningún hermano, ni tenía otra referencia a este santo “salvo” que era el santo del día en el que había nacido: el 8 de marzo.  Pero el hecho es que la vida de San Juan de Dios (que te recomiendo conozcas) me habló, en ese momento de mi vida de riesgo, aventura,  normalidad, búsqueda, sensibilidad, cercanía, coraje, afecto, cuidado y eso me llevó a responder a muchas de las cuestiones que, ya en mi vida estaban dando vueltas.

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Una vida para los demás

He descubierto en mi vocación como religioso y en concreto como Hermano de San Juan de Dios, el gran tesoro de mi vida que he de cuidar y de mimar como el regalo más preciado.

Si tuviera que señalar que es lo que me hizo descubrir la llamada de Dios como Hermano de San Juan de Dios me costaría mucho poder decidir un momento concreto de mi vida.  Tendría que decir que fueron muchos los momentos y experiencias que me ayudaron a poder descubrir que Dios me iba acompañando y guiando en todo momento y que yo tenía que dar una respuesta concreta y clara a esa llamada continua que se me hacía. 

Ya desde muy pequeño en mi familia viví la presencia de un Dios sencillo y que se hace presente en lo cotidiano.  Un Dios que acompaña la vida de las personas sin hacer ruido.  En la cercanía de mis padres, en los gestos de familiaridad, en las tardes de invierno donde toda la familia nos reuníamos en torno a la mesa, en los días de veraneo con mis primos en el pueblecito de Teruel… como no reconocer la presencia de Dios en cada uno de esos momentos. 

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